Muertos… y vivos

He visto muchos cadáveres en las últimas semanas, en los últimos meses, en años. Cuerpos reventados desde dentro, desde fuera. Despellejados, untados de sangre oscura, brillante. Cos sus rostros aplastados, o sorprendidos, o despiezados, o al fin serenos. Bocas abiertas, cerradas. Ojos sin mirada. Primeros planos que nos recuerdan, por si lo habíamos olvidado, hasta dónde es capaz de llegar el ser humano para dejar de serlo. Bombay, Congo, Cisjordania o Tel-Aviv, Bagdad, Islamabad, Tijuana.

El pavoroso asesinato colectivo en los trenes de cercanías de Madrid, 11-M; las ejecuciones en el transporte público de Londres, 7-J; el espectacular crimen que desde Estados Unidos cambió radicalmente el mundo hasta entonces conocido, 11-S; el accidente aéreo de Barajas, 20-A; cualquier incidente mortal en nuestras carreteras, las del mal llamado mundo civilizado; el asesinato de Ignacio Uría, o de Isaías Carrasco, ¿de cuántos?, a manos de pistoleros etarras, primitivos e ignorantes. La barbarie no brinda ya, a pesar de las infinitas posibilidades de la era cibernética, los restos masacrados de aquellos que fueron. Hay que preservar a los muertos de esa última y cruel humillación. Hay que protegerlos de aparecer como tales ante la Comunidad. Con su fatal compostura. Mutilados. Despojados de ropa y de dignidad. Que nadie vea a nuestros muertos. Que no me vean muerto cuando caiga.

Esta sería la clase A, Business. No todos los muertos pertenecen al mismo club, y dentro de ese club, no todos tienen el derecho de optar a la primera clase. Estos últimos son los muertos que vemos a diario en los medios. Expuestos al mundo sin reservas siquiera remotas. Lo global, hoy tan de moda, sólo es aplicable para preservar lo que concierne a este primer mundo; lo demás queda en las manos invisibles e irresponsables, morbosas del azar. Si no ¿por qué ocultar el rostro de nuestros niños cuando juegan felices, si mostramos sin pudor alguno el dolor y la desnutrición y la enfermedad en el semblante de lágrimas y moscas, y la barriga hinchada como un balón medicinal de un crío desnudo de Ruanda? Esto no es demagogia.

afcalixto@gmail.com

¿Por qué ellos si?

¿Por qué ellos sí?

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